INTRODUCCIÓN
La chica que murió pegada a su silla, pienso sentada frente a una computadora vieja mientras trato de definir quién soy, ese sería un buen título para mi historia. En realidad no sé quien soy, y dudo alguna vez saberlo con certeza. A la corta edad de diecinueve años el “saber quien soy” suena tan ridículo y ficticio como la objetividad o el Cuco. Tengo un alma, una mente y un cuerpo, sí, esos son buenos puntos de referencia por los cuales comenzar.
El alma es la parte más íntima del Ser. Mi alma se asoma en los momentos de soledad que comparto conmigo; cuando canto en la ducha, cuando me miro a los ojos a través del espejo, cuando bailo sin agenda, cuando hablo sola, cuando pienso, cuando analizo, cuando reflexiono, cuando respiro, o cuando conecto con el universo a través de la naturaleza. Mi alma es mi estado de consciencia.
He trabajado en mi alma desde que inicié este viaje al cruzar el Atlántico, y me di cuenta de que este viaje inició desde mucho antes del primero de julio del 2023, porque mis heridas me han acompañado a todos los rincones del mundo en todo momento. Mediante los diferentes textos, obras literarias, personas, y experiencias que he vivido y conocido en este viaje, continué haciéndome preguntas existenciales: ¿Quién soy yo ahora?, ¿Que tan auténtico es mi Ser?, ¿De donde vienen mis ideales?, ¿Quién quiero ser?, y ¿Cómo lograr serlo? Así introduzco a otra parte esencial de mi Ser; mi mente.
La mente se encarga de las preguntas. La mente puede otorgar–así como puede dañar. En el espectro de la mente se encuentran el No Pensar, el Pensar, y el Sobrepensar. Este espectro es difícil de balancear. A través de mi mente busco ese balance y esa búsqueda es una lucha constante. El alma y la mente deberían de ir de la mano; así es posible un mayor estado de consciencia, debido a que es imposible escapar de nuestra propia mente, al igual que escapar de las circunstancias incontrolables, pero ahí entra la función del balance. No he encontrado ese balance. A veces me pierdo en el No Pensar, actuando impulsiva o inconscientemente, o dejándome llevar por el miedo. Otras veces me pierdo en el Sobrepensar, preocupándome y generando ansiedad por problemas inexistentes. Los problemas se crean al denominarlos problemas. Puede ser que me cueste encontrar un balance porque suelo buscar un equilibrio perfecto. Busco un alma perfecta, una mente perfecta y un cuerpo perfecto, y eso no existe. La perfección no existe. Y me he dado cuenta de el daño que me hago buscando algo inexistente, y lo mucho que me alejo de mi en esa búsqueda.
El cuerpo humano es de los fenómenos más impresionantes que existe en la naturaleza, y pese a eso, solemos no darle la importancia que merece. Mi relación con mi cuerpo ha sido compleja, y mucha de esa complejidad se fue formando por influencias sociales, culturales y ambientales. En este viaje he trabajado mucho en mi discurso interno; en las palabras que me digo cuando nadie escucha, en lo que pienso y digo inconscientemente cuando me miro en el espejo, y en mi relación a lo exterior que tiene un impacto directo en mi aspecto fisico y mi salud, como las opciones nutricionales que son accesibles dependendiendo del espacio en el que me encuentro. Pero también he tenido que tomar decisiones que me han hecho reflexionar acerca de cuáles son mis valores y prioridades, como decidir entre vivir una experiencia que puede no ser benefactora para mi salud o mi cuerpo, pero que puede ser benefactora para mi crecimiento.
Releyendo un ensayo de Waldo Emerson, y parafraseando un poco sus palabras, este gran trascendentalista explica que cuando el hombre tiene hambre, come; cuando tiene sed, bebe; pero la sed de vino y el hambre de pan son muy a parte. Una de las muchas cosas que he aprendido en este viaje, la cual aplica a los tres enfoques del Ser, es que el universo provee. El universo siempre te va a otorgar lo que necesitas. Y en este viaje, he aprendido a agradecer por lo que el universo me da sin rezongar, porque el universo nos otorga lo que necesitamos en las diferentes etapas de nuestra vida para seguir creciendo, ya sea una lección o una bendición, y siempre es suficiente. Limones nohay, es cosa de cada uno decidir si quiere hacer limonada.
ALMA
“Mi alma es mi estado de consciencia”. El alma es un tópico abstracto, el cuál tiene que ser analizado a través de un lente receptivo, con una mente abierta. No es un tópico racional o verosímil. El alma es una parte del Ser difícil de entender porque no es tangible; no se pesa, ni se cuantifica. El alma, más allá de un contexto religioso o en cuestión a la vida después de la muerte, puede ser un estado del Ser, y pienso que la razón por la que mucha gente no cree en las almas es porque no han experimentado ese estado de consciencia en el que se siente el alma. Ese estado de consciencia, cómo mencioné anteriormente, lo he experimentado en ciertos momentos de mi vida; al observar el cielo o el paisaje que me ofrece el universo en gratitud, sin pensar en nada más, sumergida totalmente en el ahora.
Llegué a Oviedo ya con ciertas herramientas en mi maleta, pero me voy con muchas más. Aquí en Oviedo, aprendí a dejar ir muchas cosas. Claro, han habido momentos en los que he sentido tristeza, confusión, miedo, frustración, pero aquí aprendí a lidiar con esas emociones tan familiares de una forma nueva. A través de mi diálogo interno, conscientemente me decía: “respira”, y esas emociones que solemos llamar negativas (erróneamente), se volvieron mucho más fugaces y fáciles de manejar. De alguna forma, este lugar tan tranquilo me transmitió esa tranquilidad, y he vivido mucho más lenta, intensa, y presentemente.
Muchas veces me frustro al tratar de vivir conscientemente, pero la idea en sí del vivir en un estado de consciencia es no atarse al “debo de” y solo ser y vivir. Es más simple de lo que parece. En Oviedo, a pesar de la intensidad de emociones, realizaciones y rapidez del estar aquí, aprendí a apreciar cada uno de los momentos que he vivido. Me reencontré conmigo a través de un estado de consciencia que no había visitado antes. De ahora en adelante seguiré caminando con estas nuevas herramientas en mi mochila, disfrutando de la vista y preguntándome a dónde más puedo llegar, sabiendo que hasta donde he llegado ha sido suficiente. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, nos enseñó Antonio Machado, y en este, mi camino, estoy aprendiendo a aprender.
MENTE
Cuando la mente trabaja en una sinergia con el alma ocurren cosas extraordinarias. Realmente, las tres partes del Ser; el alma, la mente y el cuerpo están interconectadas, y se necesitan la una a la otra para la autorrealización. La autorrealización es vivir una vida intencional en la que uno desea conscientemente convertirse en la mejor versión de sí mismo. A través del manejo de la mente, los seres humanos somos capaces de vivir en consciencia, intencionalmente y autorrealizarnos.
He consumido mucha información a través de los años. Cada vez que consumo nueva informacion y soy capaz de reflexionar acerca de lo aprendido, no solo me voy formando como persona, sino que esos mismos aprendizajes desafían aprendizajes viejos. Mi mente se expande cada vez que escucho, aprendo y vivo algo nuevo.
El aprendizaje constante es como un camaleón, toma mil y un formas distintas. Existe el aprendizaje académico; a través de textos, libros y variables de La Palabra, y existe el aprendizaje experimental, que se encuentra en las experiencias; en lo que se conoce, en lo que se observa, en lo que se siente y esencialmente, en lo que se vive. El aprendizaje experimental ocurre cada vez que hablamos con personas nuevas, tenemos conversaciones nuevas o visitamos lugares nuevos. Este tipo de aprendizaje constante se vuelve más comprensible al analizar el paso del tiempo; al darnos cuenta de cómo cambian nuestros ideales, nuestros pensamientos, nuestro comportamiento, nuestros valores, nuestras filosofías, todo como una repercusión de lo que hemos vivido y aprendido a lo largo de los años.
Entre los aprendizajes académicos fundamentales de este curso, Herencia Hispana, se encuentra el Carpe Diem. En este curso, hemos estudiado desde su origen hasta sus diferentes ópticas e interpretaciones, clásicas y contemporáneas. Una de las interpretaciones de este concepto atemporal que más resonó conmigo fue el Carpe Diem desde la óptica psicológica y emocional. En un discurso desde este enfoque, Mario Alonso Puig menciona la inteligencia especulativa, que es la capacidad que tenemos como seres humanos de reflexionar y cuestionarnos. En este discurso, Mario Alonso dice: “Las preguntas tienen la capacidad de abrir nuevos espacios en la vida”, y gracias a las preguntas es que yo he aprendido lo poco que sé y lo poco que sabré. Y no sé qué tan bueno o malo sea vivir filosóficamente, pero sé que en lo personal, he desarrollado una pasión tremenda por aprender. Sé que quiero aprender un poco más de todo, un poco más de la vida, y un poco más de mi misma.
Mi crecimiento durante el corto tiempo que he vivido en Oviedo ha sido muy revelador. Conglomerando todo lo que he aprendido a lo largo de mi travesía, comencé a indagar dentro de mi mente, y preguntas fundamentales comenzaron a surgir, preguntas a las cuales no he encontrado respuestas, y realmente no tengo prisa por encontrarlas.
CUERPO
La mente y el cuerpo están en constante comunicación. El cuerpo humano interpreta los mensajes de la mente como ciertos y esto genera un efecto psicológico muy poderoso. Es decir, muchas veces podemos entrenar a nuestro cuerpo a ser capaz de soportar ciertos comandos mediante nuestra mente. Estos fenómenos psicológicos de la conexión entre la mente y el cuerpo han sido investigado en diferentes niveles medicinales, desde “milagros” hasta enfermedades que parecen inexplicables, los cuales han comenzado a ser analizados desde un punto de vista médico interdisciplinario. La relación simbiótica entre la mente y el cuerpo es fascinante, interesante y compleja.
A lo largo de mi crecimiento, nunca fui consciente de mi cuerpo. Era como si mi cuerpo fuera solo una capa de piel pegada a mi. Tampoco veía ni entendía cómo funcionaba mi anatomía, ni me importaba. Mi cuerpo cambiaba constantemente y yo lo percibía como un proceso natural de desarrollo, hasta que a los dieciséis años comencé a hacerme consciente de mi cuerpo, y como Eva, la primera mujer de la biblia católica, sentí vergüenza. A los dieciséis años, me miraba en el espejo y mi mente no era capaz de ver una imagen siquiera ligeramente objetiva. Mi reflejo dependía completamente de cómo me sentía ese día y de mi nivel de autoestima: eso se llama dismorfia corporal, y a raíz de ese trastorno desarrolle un trastorno alimenticio de anorexia moderada y atracones. Mi relación conmigo y con la comida se volvieron decadentes. Eventualmente, mejoré, sané y mi relación conmigo, con la comida y con el ejercicio mejoraron muchísimo. Pero la vida da muchas vueltas y la única constante es el cambio. A los diecinueve años, mi cuerpo volvió a cambiar, como naturalmente lo hace el cuerpo con la edad, pero ese cambio generó en mí muchas dudas y revivió inseguridades que creía superadas.
Este viaje me hizo darme cuenta de que los traumas y las heridas nunca se superan por completo y requieren trabajo constante. El alejarme de mis conflictos externos, los cuales decidí dejar en Nueva York, me hizo regresar a mis conflictos internos a través de la reflexión. Reflexionando, descubrí que eran más de unas las heridas que no habían sanado por completo, descubrí que de nuevo me encontraba triste, decepcionada y preocupada por lo que veía en el espejo, como si ese reflejo fuera mi Ser, como si yo solo fuera un cuerpo sin alma o mente. Tras vastas revelaciones, reflexiones y meditaciones, me voy de este viaje agradeciendo a mi cuerpo por haber sido tan fuerte, por haber soportado las críticas de mi mente inconsciente, por haber aguantado las noches de poco sueño, las comidas de más, las comidas de menos, y por seguir funcionando tan grandiosamente.
CONCLUSION
Me llevo tanto, que espero que mi mochila cierre. He aprendido tanto, de tantas formas, en tan poco tiempo. Esta oportunidad educacional superó mis expectativas. Me siento satisfecha y lista para utilizar todas las herramientas que el universo me ha ofrecido.
Hoy vine a redactar un texto sobre mi Ser, pero yo soy esto. Yo soy aquí y ahora. Soy todo lo que he aprendido, todo lo que me ha enseñado este lugar, la gente a la que he conocido, las experiencias que he compartido, y los textos que he leído y estudiado.
Le agradezco a Oviedo por regalarme un poquito de su belleza y de su historia. Y le agradezco a la profesora Marylin, que se convirtió en una guía espiritual, emocional e intelectual para todos sus estudiantes. Sigamos caminando: Esto no es un adiós, es un hasta pronto.